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Hannah Murray: de Game of Thrones a una secta y un hospital psiquiátrico

La actriz británica revela en sus memorias cómo la presión por la fama y sus problemas de salud mental la llevaron a involucrarse en un culto de bienestar.

Redacción2 min de lectura
Hannah Murray: de Game of Thrones a una secta y un hospital psiquiátrico
Hannah Murray: de Game of Thrones a una secta y un hospital psiquiátrico

Hannah Murray, conocida por interpretar a Gilly en Game of Thrones, reveló los momentos más oscuros de su vida en una autobiografía que será publicada a finales de mayo. La actriz británica de 36 años describe cómo sus problemas de salud mental, agravados por la presión de la fama, la llevaron a ingresar en una secta de bienestar y luego a un hospital psiquiátrico donde fue diagnosticada con trastorno bipolar.

El libro, titulado The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness, explica la abrupta desaparición pública de Murray después de 2017, cuando ya era una actriz consolidada tras sus roles en Skins como Cassie Ainsworth y en la serie de HBO. Según sus propias palabras, todo comenzó cuando buscaba soluciones a sus problemas mentales y fue contactada por una sanadora de reiki que le ofreció un tratamiento «novedoso».

La actriz describe que con 27 años fue involucrándose progresivamente en lo que califica como una «secta del bienestar», liderada por una figura «carismática» de la que llegó a enamorarse. Alejada de su familia y amigos, Murray quedó sometida a «un control estricto», rituales, pruebas físicas extremas y exigencias económicas, bajo la promesa de alcanzar el equilibrio interior.

El grupo promovía conductas destructivas vinculadas con la vigorexia y trastornos alimentarios que terminaron por erosionar su autoconfianza. Cuando se percató de que había «cedido el control de su vida», sufrió una crisis nerviosa que agravó su estado mental. Su familia intervino entonces y la internó en un centro psiquiátrico, decisión que, aunque involuntaria inicialmente, resultó fundamental para que se alejara de la influencia del culto.

Durante su recuperación, Murray decidió alejarse temporalmente de la actuación para retomar sus estudios y se graduó en Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge. El proceso de escritura de estas memorias, que tardó siete años en completarse, funcionó como catarsis personal. La actriz buscaba visibilizar los peligros de discursos que normalizan exigencias corporales extremas y las dinámicas de abuso psicológico presentes en ciertas plataformas.

«Quiero contar la historia de un despertar espiritual que se convirtió en una crisis mental. Quiero llevar a los lectores en el viaje que emprendí yo: un viaje a los márgenes de la realidad, a un mundo seductor y peligroso donde la magia parece posible», explicó Murray a través de sus redes sociales sobre el libro que pronto verá la luz.

En declaraciones posteriores a la revista People, agregó: «Estoy muy orgullosa de este libro. Durante todo este proceso me he sentido empoderada para contar mi propia historia y recuperar mi propia narrativa. Me entusiasma compartirla con los lectores, para que puedan adentrarse en un capítulo de mi vida que fue a veces mágico, a veces caótico, a veces doloroso y oscuro».

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