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Invasiones I: ópera rock con Charly García que emociona pero no siempre convence

Elena Roger lidera una producción monumental en el Teatro San Martín que ya agota entradas, aunque la adaptación teatral de los temas del músico genera dudas dramatúrgicas.

Redacción3 min de lectura
Invasiones I: ópera rock con Charly García que emociona pero no siempre convence
Invasiones I: ópera rock con Charly García que emociona pero no siempre convence

Invasiones I: no bombardeen Buenos Aires se presenta como uno de los mayores éxitos de la temporada del Teatro San Martín. La ópera rock dirigida por Ricardo Hornos combina 55 temas de Charly García para narrar los episodios de las invasiones inglesas de 1806, con Elena Roger en el rol protagónico y un elenco de más de 30 actores, cantantes y bailarines que ya agota localidades de la sala Martín Coronado desde su estreno hace más de una semana.

La apuesta reúne tres factores que explican el fenómeno de público: la presencia de Elena Roger, exquisita actriz y cantante; la música de García, artista central en la banda sonora de varias generaciones de argentinos; y la infraestructura de producción del complejo teatral público de la ciudad. Con siete músicos en vivo, diseño escenográfico de Gonzalo Córdoba Estévez e iluminación de Matías Sendón, la obra se convierte en una máquina escénica de constante movimiento.

La ambición del proyecto es evidente: transformar fragmentos enteros de canciones, estribillos modificados y temas completos del músico en una narrativa teatral sobre los convulsionados días desde que el general inglés Beresford desembarcó hasta la organización de la resistencia y rendición posterior. Sin embargo, en escena conviven dos realidades distintas. Por momentos, la música de García al servicio de hechos históricos estudiados en primaria desconciert y responde a un procedimiento de poca organicidad escénica. La falta de un trabajo dramatúrgico más sólido torna complejo seguir el relato más allá del talento de cada intérprete.

Roger encarna a la narradora, simultáneamente Casandra y Charly a secas. Es la guerrera de batallas propias como mujer y figura clave de la reconquista, un personaje potente que no remite directamente a los sucesos históricos. Alrededor de ella, Christian Alladio, Nath Aponte, Pamela Baigun, Facundo Basso y otros intérpretes de sólida trayectoria en teatro musical aportan entrega profesional sin cesar.

Durante 90 minutos, la producción desplega grandes estructuras que entran y salen, cambios de vestuarios de época diseñados por Graciela Galán, coreografía ajustada de Elizabeth de Chapeaurouge y un complejo diseño lumínico que conforman un potente bombardeo escénico. Los arreglos musicales de Murci Bouscayrol y Ricardo Hornos, con dirección vocal de Ana Carfi, sostienen la propuesta musical. Algunos intérpretes encarnan hasta siete personajes distintos.

No todo funciona sin fricciones. Hay momentos corales en los que la inteligibilidad de las letras se pierde, escenas de tanta monumentalidad que no alcanzan la factura de las secuencias más intimistas, y el sistema de subtitulado para diálogos en inglés está mal ubicado. Con todo, la obra contiene momentos de una belleza visual inquietante en la que cada figura se convierte en pieza precisa de un engranaje teatral mayor.

El domingo pasado, la función comenzó con apenas minutos de retraso ante casi mil espectadores en una sala llena. La ansiedad del público era tal que pronto comenzó a aplaudir. Apenas los músicos entonaron «No bombardeen Buenos Aires» como parte de un medley instrumental que cerró con «Buscando un símbolo de paz», sonaron los primeros aplausos. El clima de fiesta dominaba la Martín Coronado. Al término de la función, el elenco recibió ovaciones de pie. Como cierre de un círculo simbólico, la banda volvió a tocar «Buscando un símbolo de paz» mientras el público permanecía en sus asientos, como regido por un mandato colectivo de alegría.

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