Política

Malestar social creciente: caída de ingresos y temor al desempleo

Encuestas y grupos focales revelan ansiedad generalizada en el conurbano, donde el enojo comienza a superar la angustia ante la prolongación de la crisis económica.

Redacción3 min de lectura
Malestar social creciente: caída de ingresos y temor al desempleo
Malestar social creciente: caída de ingresos y temor al desempleo

La confluencia de caída de ingresos, pérdida o temor a perder el empleo y endeudamiento personal genera un malestar creciente en la sociedad argentina, particularmente en el área metropolitana bonaerense, donde se concentra la mayor población del país y donde los efectos negativos de la política económica son más visibles. Encuestas, grupos focales y reportes de referentes políticos y sociales confirman una expansión de emociones negativas que profundiza la caída de la imagen presidencial registrada en los últimos dos meses.

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que realiza Poliarquía para la Universidad Torcuato Di Tella mostró su tercera caída mensual consecutiva. En el interior del país la retracción fue de 10,57%, aunque la confianza se mantiene más elevada en esos territorios, con 45,3%. En el Gran Buenos Aires la caída fue menor: 1,53%, pero el índice apenas alcanza 36,82%. Por segmento de ingresos, los hogares de menores recursos fueron los más afectados con una baja de 12,6%, mientras que en los sectores de ingresos altos el descenso fue de solo 1,8%.

Los grupos focales realizados por la consultora Trespuntozero profundizan el diagnóstico. Shila Vilker, directora de la firma, describe un panorama donde predomina una sensación generalizada de imposibilidad: aunque se esfuerce, la gente no logra salir adelante. Los consultados, que incluyeron trabajadores formales e informales y desempleados, reconocen una tensión constante entre la penuria y la resistencia activa, rechazando la resignación pero advirtiendo que el margen se reduce.

Un dato que sorprendió a los encuestadores fue la mención extendida de dificultades para conciliar el sueño, registrada sin diferencia de edades ni segmentos sociales. El informe consigna que de noche la cabeza da vueltas con preocupaciones económicas. Vilker añade que aparece el consumo de alcohol y ansiolíticos como auxiliares para dormir, así como el recurso a la atención psicológica. Una conclusión relevante: en la narrativa de los participantes surge el concepto de que la crisis atraviesa el cuerpo y lo afecta. Vilker enfatiza que esta manifestación somática de la angustia no se había registrado en focus anteriores.

El sociólogo y antropólogo Pablo Semán, quien realiza trabajos de campo sostenidos en sectores populares del área metropolitana, advierte sobre el impacto de la caída de planes, asistencia alimentaria y empleo, junto con programas nacionales suspendidos. Describe una situación complicada en los barrios donde domina la angustia y el riesgo de implosión. Hacia afuera, el investigador observa manifestaciones en forma de hurtos, robos más violentos y violencia intrabarrial, junto con el comercio y consumo de sustancias tóxicas.

Lo más crítico para Semán es que en muchos lugares se está rompiendo la cadena de contención entre vecinos, referentes barriales e intendentes. Explica que los intendentes, mayoritariamente sin fondos y sin claridad sobre la situación, no pueden distribuir recursos. Los referentes no quieren confrontar con las autoridades locales pero tampoco tienen nada para dar, y los vecinos quedan sin recibir asistencia. El resultado es que los referentes pierden capital e influencia, mientras que los intendentes oran para que no ocurra nada. La caída de la recaudación y coparticipación agrava la crisis municipal, generando un círculo vicioso que potencia el aumento de tasas para compensar ingresos perdidos.

La persistencia de la mala percepción sobre la marcha de la economía y la gestión actúa como factor clave para la agudización de emociones negativas. Vilker indica que el enojo comienza a ganar terreno a la angustia, y el clima social empieza a parecerse al que llevó a Milei al poder. Aunque prevalece un clima más de implosión que de explosión, el avance del factor enojo abre interrogantes sobre la evolución futura del malestar social.

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