Política

Peter Thiel ve en la democracia un freno a la innovación tecnológica

El politólogo Tomás Borovinsky analiza por qué el magnate tecnológico considera que la burocracia ralentiza la aceleración y por qué le interesa el experimento de Milei.

Redacción2 min de lectura
Peter Thiel ve en la democracia un freno a la innovación tecnológica
Peter Thiel ve en la democracia un freno a la innovación tecnológica

Tomás Borovinsky, investigador del Conicet y especialista en teoría política, desarrolló un análisis sobre la visión de Peter Thiel respecto a la democracia, la innovación tecnológica y el interés del cofundador de Palantir en el proyecto de Javier Milei en Argentina. Para el magnate, existe una tensión fundamental entre democracia y capitalismo que explica el estancamiento en ciertos campos de la tecnología material.

Según Borovinsky parafraseando a Thiel, desde hace cincuenta años la innovación se aceleró únicamente en el mundo de los bits —ciencias computacionales y aplicaciones digitales—, mientras que en el mundo de los átomos los últimos grandes hitos fueron la bomba atómica y la llegada del hombre a la Luna. Si el progreso material hubiese evolucionado al ritmo del desarrollo computacional, sostiene, ya habríamos ganado la batalla contra el cáncer y estaríamos viviendo en Marte.

La propuesta de Thiel desafía el optimismo liberal de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia. Borovinsky explica que Thiel rechaza la idea de que los conflictos terminaron con la caída del Muro de Berlín en 1989. Para el magnate y su socio Alex Karp, fundador de Palantir, el atentado del 11 de septiembre de 2001 marcó un quiebre: demostró que la seguridad y la conflictividad siguen siendo realidades inevitables. Por eso, argumenta Borovinsky, Thiel propone recuperar la alianza entre tecnología, seguridad y capacidades de defensa, lo que explica también el modelo de vigilancia de Palantir.

Borovinsky señala que Thiel identifica en China un modelo que logró acelerar la innovación material sin las restricciones de una democracia liberal. Esa es una de las razones por las cuales el magnate observa con particular interés el giro de Argentina bajo el gobierno de Milei. En un contexto donde no existen referentes claros de modelo liberal como los había en 1989, el experimento argentino representa una alternativa global para el universo tecnológico de Silicon Valley que, según Thiel, se desconectó de sus objetivos originales.

Borovinsky también destaca que Thiel mantiene una consistencia ideológica inusual entre los grandes magnates tecnológicos. A diferencia de figuras como Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Elon Musk, que en distintos momentos adoptaron posiciones progresistas o demócratas, Thiel ha sido consecuente con sus convicciones libertarias y conservadoras durante décadas. El investigador señala que esta permanencia en el tiempo, sumada a su bajo perfil mediático comparado con otros tecno billonarios, lo convierte en una figura más influyente de lo que comúnmente se percibe en la esfera pública.

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