Un departamento de 80 m² que equilibra comodidad hotelera con calidez familiar
La arquitecta Sara Plazibat transformó un tres ambientes cerca de la Facultad de Medicina en un refugio citadino funcional y acogedor.

Un cliente de Santiago del Estero encargó a la arquitecta Sara Plazibat un departamento que funcionara como llave en mano: quería que su padre se sintiera en casa, pero con el confort de una suite de hotel. Los 80 m² ubicados cerca de la Facultad de Medicina de la UBA se convirtieron en el refugio perfecto para esta familia que llega temporadas a la ciudad para estudiar o de paseo.
El desafío inicial fue mayúsculo. Comprado en pozo, el departamento llegaba totalmente desnudo con complicaciones estructurales significativas. Había muchas mochetas y falsas escuadras que obligaron a diseñar soluciones funcionales para disimular encuentros incómodos y resolver la falta de espacio de guardado, recuerda Plazibat. El plano invertido exigía, además, una estrategia de diseño que invitara a mirar hacia adentro en los espacios sociales y aprovechara la luz natural de los dormitorios.
La biblioteca fue el punto de partida de toda la intervención. Su diseño surgió de un desafío geométrico concreto: ocultar una mocheta y rectificar una pared en diagonal para devolver la ortogonalidad al living. Un escritorio integrado permite usar el espacio como área de trabajo o estudio sin competir con la circulación. Los muebles de guardado en melamina cumplen doble función: ocultan un escobero y resuelven el encuentro estético entre una viga y una mocheta.
El living se organizó en torno a un sillón modular de poca profundidad pero gran confort. Una mesa de comedor de 1,60 x 0,80 m con patas al borde y chanfleadas permite que seis comensales estén cómodos sin ocupar metros de más. Un mudroom junto a la entrada cumple un rol ritual: ofrece un lugar para sentarse y organizar el calzado, manteniendo limpio y ordenado el espacio social principal.
Los dos dormitorios tienen identidades marcadamente distintas. El destinado a las hijas juega con verde intenso que se suaviza en la ropa de cama, resaltando el mobiliario moderno. Un respaldar suspendido y mesas de luz flotantes a medida enchapadas en petiribí dan ligereza. Los espejos de piso a techo multiplican la luz y disimulan la profundidad del placard.
En el cuarto principal, una gran mocheta lateral se integró al diseño generando un nuevo volumen en el lado opuesto, donde se oculta un módulo para guardar ropa larga. Las camas son generosas en dimensiones pero con piezas escuetas que respetan la angostura de los espacios. Mesas de luz laqueadas en gris, diseñadas a medida, equilibran la paleta cromática del proyecto.
Un gran mueble con puerta corrediza en melamina agrupa la coffee station, espacio para vajilla, mantelería y ropa de cama. Cada rincón resuelve una necesidad sin sacrificar la estética. El resultado es un espacio donde conviven la practicidad del hotel y la identidad de un hogar en el que una familia puede anclar sus temporadas en la ciudad.


