Cabezón Cámara, Almada y Guerriero cuestionaron los discursos de odio en la Feria del Libro
Las tres escritoras protagonizaron el debate inaugural y rechazaron las etiquetas de literatura femenina mientras denunciaron la degradación del lenguaje público.

En el debate inaugural de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, las escritoras Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero desplegaron críticas incisivas sobre el estado de la lectura, la educación y el uso del idioma en la Argentina. El intercambio, moderado por María O'Donnell, se extendió durante 52 minutos en la ceremonia que celebra los 50 años de la feria.
Cabezón Cámara abrió su participación con una protesta por la modificación de la Ley de Glaciares: vistió una camisa con la inscripción "El agua vale más que todo" y leyó un poema sobre el cuidado del recurso natural. Decenas de asistentes levantaron carteles con una ilustración de Maitena rechazando la normativa aprobada por el Congreso Nacional. La autora invitó al público a movilizarse el sábado a las 17:30 en una marcha de antorcha para defender el agua.
Guerriero, cuya novela La llamada tiene una traducción al italiano finalista del Premio Strega, rechazó de manera explícita la categorización de "literatura femenina". "Estoy en contra de la idea de que se nos englobe como mujeres que hacen literatura de mujeres. Estoy en contra de que las mujeres escribamos escritura femenina", sostuvo. Señaló que esta clasificación funciona como un gueto que achata la complejidad del trabajo literario, aunque reconoció el avance de la presencia de mujeres en la industria editorial.
La cuestión de la educación atravesó buena parte del debate. Almada, que presenta su nueva novela Una casa sola, fue enfática: "La lectura es un derecho, pero la educación está desmantelada". La autora, también librera y tallerista, señaló que los salarios docentes son miserables y que esta realidad vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños.
Cabezón Cámara amplió la perspectiva económica del problema. Advirtió que con salarios promedio de 800 mil pesos en la Argentina, los libros resultan prácticamente inaccesibles para la mayoría. "Elevar los salarios de los argentinos sería una buena idea", propuso ante el aplauso de la audiencia. También señaló que la lectura le salvó la vida y que el acceso a la literatura es un derecho humano urgente.
Las tres escritoras coincidieron sobre el vínculo entre los discursos de odio que circulan desde el poder y la deterioro del clima social. Guerriero fue directa: "Replicar esos discursos desde el poder es una irresponsabilidad gigantesca". Vinculó la intoxicación del lenguaje público con los casos de violencia en las escuelas: "Eso viene de una sociedad que está intoxicada con arrebato, la hostilidad, el griterío y el desprecio". Describió esos discursos como "un hongo venenoso" que crece cuando se promueve desde instituciones del Estado.
Almada también señaló la cascada de responsabilidades: "Si desde el poder se es tan descuidado con el lenguaje, con ese desprecio y esa oscuridad, entonces todo el resto de la sociedad se siente habilitado para hablar con ese desprecio". Las tres autoras enfatizaron que el acceso a la lectura y a la educación de calidad son herramientas fundamentales para construir pensamiento crítico y resistir los discursos que fragmentan el tejido social.


