La verdadera Casa de los Espíritus: la mansión chilena que inspiró a Isabel Allende
Una casona de 1910 en Santiago fue escenario de sesiones espiritistas y un crimen que conmovió a la aristocracia local.

Este 29 de abril se estrena una serie de televisión basada en La Casa de los Espíritus, la novela de la escritora chilena Isabel Allende publicada en 1982 que se convirtió en una de las obras más influyentes de la década. Detrás de esa ficción existe una mansión real en Santiago de Chile que inspiró la trama: una casona de 796 metros cuadrados construida en 1910 ubicada en el barrio Italia, en la comuna de Providencia, en la intersección de avenida Salvador y calle Fresia.
La mansión cuenta con 14 dormitorios y seis baños. En sus inicios fue hogar de la familia Arrieta Fernández y luego de la familia Larraín Echeverría. Inés Echeverría, más conocida como "Iris", era teosófica y junto a sus amigas Ximena y Carmen Morla Lynch practicaba el espiritismo, la religión más popular del siglo XIX. Según los registros, en esos corredores las Morla Lynch realizaban las primeras sesiones espiritistas de la capital santiaguina, donde la clase alta intentaba contactarse con el más allá. Las hermanas Morla trajeron la primera tabla de Ouija a Chile y la usaban regularmente en esta casona.
La fama paranormal de la mansión tiene raíces específicas. En 1933, Rebecca Larraín Echeverría, hija de doña Inés, fue asesinada por su marido, el arquitecto Roberto Barceló, en el interior de la casona cuando tenía 37 años. Este crimen sacudió a la aristocracia santiaguina y, según investigadores paranormales, habría marcado el inicio de los fenómenos sobrenaturales que persisten hasta hoy.
Investigadores de lo paranormal han documentado eventos anómalos en la propiedad. En sesiones de Ouija realizadas hace una década, las respuestas apuntaban a Iris, quien supuestamente manifestaba un dolor profundo. "El espíritu de Iris da vuelta en la casa por la pena que tiene", relató uno de los investigadores. En el subterráneo se reportan cambios inexplicables de temperatura e intercambios de energía sin explicación racional.
Durante los años noventa, cuando funcionaba un jardín infantil en la propiedad, las maestras llamaron a bomberos dos veces por la noche al observar humo y llamas en el último piso. El excomandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago, José Matute Mora, confirmó que en 1997 llegaron a la casona ante reportes de incendio, pero no hallaron nada: ni fuego, ni humo, ni olor a quemado. "Esa situación se repitió varias veces a lo largo de dos años. Algo extraño sucedía, porque no era uno, sino varios vecinos a la vez llamando por lo mismo", recordó.
En décadas posteriores, cuando una empresa de arquitectura y el grupo Busel ocuparon la mansión, empleados y ejecutivos reportaron inquietantes sucesos. Se mencionaba la presencia de una niña que aparecía en la ventana principal del segundo piso, cajas que caían solas y puertas que se cerraban sin intervención. La recepcionista Jéssica Contreras relató que "a esta casona le decíamos el 'Castillo'. A veces se siente como que pasa un frío por delante... no pasaron ni dos segundos y todas las cajas de la bodega se vinieron abajo."
Roberto Busel, director ejecutivo de la empresa homónima, cambió su escepticismo inicial tras experimentar los fenómenos. "Ahora estoy convencido de que la energía queda. Se abren y cierran las puertas, se caen las cajas. Acá todo se mueve. Mi madre ha traído a cuanto machi encontró. Alguna época, el olor a sahumerio fue permanente", señaló. Lo último que se conoce de la propiedad es que fue puesta a la venta por sus actuales dueños en 1.500 millones de pesos chilenos, aproximadamente US$1.687.000.


