Historia

El vuelo 243 de Aloha Airlines: cuando el techo desapareció a 7.315 metros

En 1988, un Boeing 737-200 sufrió una descompresión explosiva sobre Hawái. Los pilotos lograron un aterrizaje milagroso que dejó una azafata desaparecida y 95 sobrevivientes.

Redacción2 min de lectura
El vuelo 243 de Aloha Airlines: cuando el techo desapareció a 7.315 metros
El vuelo 243 de Aloha Airlines: cuando el techo desapareció a 7.315 metros

Un sonido de desgarro sorprendió a los pilotos Robert Schornstheimer y Madeline "Mimi" Tompkins del vuelo 243 de Aloha Airlines el 28 de abril de 1988, mientras se dirigían en un Boeing 737-200 a Honolulu. La puerta de la cabina desapareció sin previo aviso, junto con parte del techo en el área de pasajeros. Solo se veía el cielo celeste y se oía el ruido ensordecedor del viento golpeando los trozos sueltos.

Los pilotos activaron sus protocolos de emergencia y, con precisión extrema, lograron descender y aterrizar de forma segura. Desde entonces, el accidente se inscribió como uno de los eventos más críticos en la historia de la aviación comercial, pese a que la mayoría de los ocupantes sobrevivieron.

Esa mañana viajaban 95 personas a bordo, entre pasajeros y tripulación. La azafata principal estaba en el pasillo, cerca de la fila cinco, cuando se desprendió el techo y fue succionada hacia el exterior. Fue la única víctima fatal. 65 personas resultaron heridas, aunque la mayoría con lesiones leves.

El capitán extendió los frenos aerodinámicos e inició un descenso a una velocidad de 1.200 metros por minuto. A medida que perdía altitud, se emitieron mensajes de auxilio hacia el aeropuerto de Maui para preparar un aterrizaje de emergencia.

Cuando estuvieron a 3.000 metros sobre el nivel del mar, la tripulación restableció contacto con los pasajeros sin las máscaras de oxígeno. La copiloto informó a la torre que no tendrían el tren de aterrizaje delantero funcional. A las 13:58:45, con un motor menos y sin buena parte del fuselaje superior, el avión aterrizó en la pista 02 del aeropuerto Kahului de Maui.

Después del impacto, el capitán describió así la experiencia: "Temblaba un poco, se balanceaba ligeramente y se sentía elástico". Los auxiliares de tierra encontraron un panorama dantesco: la aeronave lucía como si hubiera sido serrada en dos, con el techo completamente ausente en la mitad posterior.

Una investigación exhaustiva de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) concluyó que el fallo principal fue la falta de mantenimiento preventivo en Aloha Airlines para detectar daños por fatiga en la estructura. El defecto se ubicó en la junta solapada S-10L, que sostenía el fuselaje superior. Los inspectores también responsabilizaron a la aerolínea por supervisión inadecuada de su personal y a la FAA (Administración Federal de Aviación) por no evaluar correctamente los programas de mantenimiento de la compañía.

En 1990 se estrenó la película Aterrizaje milagroso, que dramatizó los eventos de ese día. El caso se convirtió en un punto de referencia para las políticas de mantenimiento aeronáutico mundial y demostró que, bajo presión extrema, una tripulación entrenada podía lograr lo que parecía imposible: volar y aterrizar con seguridad un avión parcialmente destruido.

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