Valborraz: la mina de wolframio gallega que fue clave en la Segunda Guerra Mundial
Un complejo minero alemán en Galicia, escenario de espionaje y guerrilla antifranquista, hoy amenazado por incendios forestales.

La llamada Guerra del wolframio fue uno de los conflictos menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial. Mientras en Europa se libraban batallas convencionales, en España se desarrolló un combate silencioso por el control de este mineral estratégico: un material que permitía endurecer armamento, tanques y proyectiles para hacerlos más resistentes. La Alemania nazi necesitaba asegurar su suministro; los Aliados querían interrumpirlo.
Uno de los epicentros de este singular enfrentamiento fue la Mina de Valborraz, ubicada en Casaio, Galicia, a unos 1.200 metros de altura. Conocida como la "Ciudad de los alemanes" entre los habitantes locales de los años cuarenta, el complejo funcionó como un enclave industrial gestionado directamente por Alemania con el beneplácito de Francisco Franco. Entre 1943 y 1944, su período de mayor actividad, albergaba a aproximadamente mil personas — una población superior a la del pueblo de Casaio en esa época, que no superaba las 400 o 500 habitantes.
El contexto de Valborraz fue particularmente complejo. Además del despliegue de espías británicos que buscaban sabotear la producción, la zona padecía la presencia de guerrilleros antifranquistas que operaban desde la Ciudad de la Selva, un campamento clandestino protegido por la geografía accidentada de los montes gallegos. Entre los técnicos alemanes, los guardias civiles franquistas y los combatientes republicanos, los campesinos de Casaio intentaban mantener sus formas de vida rural, profundamente alteradas por esta confluencia de conflictos.
Hoy, el complejo minero corre severo riesgo de desaparición. Los incendios forestales que asolan Galicia en los últimos años amenazan las instalaciones de Valborraz y el Teixedal, un bosque de tejos centenarios que constituye patrimonio natural de la región. Ante esta situación, un grupo de historiadores, arqueólogos y antropólogos españoles nucleados en la asociación científica Sputnik Labrego lanzó en 2025 la campaña Recuperemos Valborraz para preservar este espacio de importancia histórica y ambiental.
Carlos Tejerizo, investigador de la Universidad de Salamanca y coordinador de Sputnik Labrego, explica que la iniciativa surgió de estudios sobre el impacto de la guerra de guerrillas en las comunidades campesinas gallegas. "En Valborraz hubo un escenario de guerra. Y esto metido dentro de otra guerra, que era la guerra de guerrillas. Se generó una situación de muchísima violencia de la que estamos intentando aprender arqueológicamente", afirma el historiador.
Cuando el equipo investigador llegó a las ruinas de Valborraz, quedó sorprendido por la magnitud del sitio. Actualmente permanecen en pie aproximadamente veinte edificios y estructuras, aunque los especialistas estiman que originalmente pudo haber el doble o más. El complejo representaba no solo un enclave de producción de wolframio, sino un caso de estudio sobre el impacto del proceso industrializador en paisajes rurales tradicionales.
La investigación continuó expandiéndose desde su inicio alrededor de 2017. Tejerizo relata cómo el proyecto inicial, centrado en los vestigios de "chozos" construidos por pastores y luego ocupados por guerrilleros, derivó en un análisis más integral que incluye la mina misma. "Cada vez que íbamos era una sorpresa nueva, se iba abriendo un mundo desconocido", describe. La complejidad arqueológica del sitio reveló aspectos desconocidos sobre cómo los nazis reorganizaron el territorio gallego en función de la extracción mineral.
Valborraz no fue el único yacimiento de wolframio español, pero sí el más ambicioso y el que mayor impacto dejó en el entorno. Su preservación representa una oportunidad única para comprender uno de los capítulos menos documentados de la Segunda Guerra Mundial: el combate por recursos estratégicos que se libró fuera de los campos de batalla convencionales.


